Reflexiones desde ADEC

A medida que las empresas y organizaciones maduran tienden a volverse más complejas, desde sus procesos, su comunicación, tecnologías, y hasta en cómo se vinculan con sus colaboradores. La simplicidad se va. Y esta no es una buena noticia precisamente. ¿Es lo simple y repetido una fórmula exitosa que nos puede ayudar a conservar la esencia?

Retrocedamos el tiempo hasta 1932, nos ubicamos en una carpintería en Dinamarca. Todavía se vive un contexto de grave crisis económica mundial, razón por la que Ole Kirk Kristiansen debe ingeniarse en cómo diversificar sus ingresos para apoyar a su familia. Se le ocurre fabricar y vender juguetes de madera. Pero su idea no termina allí. Pasado un tiempo crea “ladrillos de juguete”, que de madera pasan a ser de plástico, los perfecciona y patenta. Se trata de unas piezas con un sistema de enganche con tubos debajo de los ladrillos, que convierte a niños (y adultos) en unos expertos de la construcción. Luego de años, Ole involucra a su hijo y nieto en el negocio y su invención escala. Esa es la historia resumida de LEGO, uno de los fabricantes de juguetes más grandes del mundo, conocido por inspirar la creatividad e imaginación de millones de personas.

En la década de los 90, queriendo incursionar en negocios anexos como parques temáticos, televisión, ropa y diferentes productos, LEGO se enfrentó a varios años de pésimos resultados económicos y duros competidores. Hasta que, en 2004, vino un giro salvador con un nuevo CEO, cuya misión fue llevar a la empresa a sus raíces: un enfoque en lo simple, en lo que ellos hacían mejor. De esta manera no sólo sobrevivieron, sino ¡que crecieron! Arraigados en su patentado sistema de enganche con tubos debajo de las piezas, crearon una infinidad de nuevos temas, desde pueblos, galaxias y escenas de franquicias megaexitosas como Star Wars y Marvel. Incursionaron también en sets de arte, pinturas, esculturas y arquitectura. Innovaron anclados a su esencia.

En un contexto donde abundan los consejos de “Hay que reinventarse” y añadir elementos nuevos todo el tiempo, la fórmula de simplificar y repetir puede resultar contraintuitiva, cuando en realidad lo simple es lo más claro, adaptable y escalable. Bajo esta premisa, la repetición y la consistencia son estrategias que nos permiten construir una base sólida para crecer, para denotar confianza y adaptabilidad.

¿Cuál es nuestra razón de existir? ¿Cuál es nuestra raíz? ¿En qué somos verdaderamente habilidosos? ¿En qué necesitamos ser consistentes y repetitivos? ¿Cuál es ese ladrillo fundamental por el que se nos reconoce y que nos conecta a la mente y corazones de los demás? ¿Cuáles son nuestros valores fundacionales? ¿Estamos intentando imitar a otros? ¿Nos hemos desviado del camino intentando reinventarnos? ¿Nos desconocemos?

La innovación no siempre significa abandonar lo que funciona. A veces, es el retorno a la simplicidad y la repetición lo que nos permite destacarnos en un mundo saturado de novedades. Vuelve a la carpintería, a tus inicios, y recuerda dónde está la esencia.

Narumi Akita, socia de la ADEC

Enlace Última Hora: https://www.ultimahora.com/el-poder-de-lo-simple-y-repetido

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