Reflexiones desde ADEC

Mejorar la calidad de vida de una persona y su familia, tiene una relación directa con su capacidad de generar ingresos. Hay cuatro formas de ganar dinero: por un empleo, como independiente o autoempleado, como empresario, o a través del rendimiento de inversiones.

Dicho esto, encontramos que las demandas sociales al Estado sobre educación, salud, seguridad e infraestructura se deben en gran medida a las desigualdades de ingresos, que se dan por la brecha en las oportunidades de base desde nuestra primera infancia, profundizando inexorablemente la inequidad económica y social.

Esta diferencia se puede medir en términos monetarios, categorizando a la población en clases socioeconómicas alta, media, pobre y pobre extrema; pero a ello hay que sumarle la percepción que, sin duda, recrudece la pobreza relativa, que básicamente podríamos definir como la sensación de una persona al percibir las diferencias evidentes en su calidad de vida con relación a la comunidad en la que habita.

En los últimos años, la migración rural a la zona urbana, ha aumentado los cinturones de pobreza y con ello, el aumento de “necesidades” que no existían cuando habitaban en el campo, algunas relacionadas a la educación y salud, pero la mayoría se constatan en la composición del gasto familiar, relacionado a vestimenta, celulares, internet, TV cable y transporte.

La 1ra. generación de quienes emigran, se expone a sufrir de una gran diferencia con relación a la calidad de vida de quienes los rodean, sin embargo, con valores, esfuerzo y disciplina, la 2da. generación que se integra escolar y socialmente, puede incorporar sus capacidades al sector formal de la economía, permitiendo con altas probabilidades, que la 3ra. generación, escale peldaños en la categoría de clase media o incluso media alta.

En este efecto de incremento de mejoras en la calidad de vida de las familias, influye indudablemente la educación académica formal, pero no se debe menospreciar el enorme impacto que el emprendedorismo puede significar para la creación de riqueza y de esa manera abreviar significativamente los tiempos en los que una familia puede mejorar su condición socioeconómica.

La inteligencia artificial impacta hoy y transformará el futuro del empleo, pero también es cierto que permite a micro y pequeños emprendedores, acceder a herramientas de alta competitividad que en otros tiempos estaban reservadas para los grandes capitalistas. El mundo emprendedor está cambiando aceleradamente, dando una oportunidad de oro a millones de personas.

Concentrarse en comprender cuáles son los talentos que tenemos, no los que queremos, nos puede ahorrar tiempo y dinero. Desde quienes somos, en nuestro origen, auténtica y genuinamente, con los valores inculcados en nuestras familias, debemos reconocernos hacedores de nuestro presente y proyectar nuestro futuro.

Es tiempo de recuperar oficios, de comprender que solo se gana dinero legalmente, satisfaciendo las necesidades ajenas, sirviendo a los demás con nuestros talentos, podemos mejorar nuestra economía y la calidad de vida de nuestras familias. Nuestro origen no condiciona nuestro destino. Que el Espíritu Santo nos ilumine para tomar las mejores decisiones.

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