Líderes en emociones

Por Patricia dos Santos, Socia ADEC

Recién recibido de una maestría en negocios en el exterior, estrenaba cargo de alta responsabilidad. Sumaba así una formación de clase mundial a su título de ingeniero y a una vasta experiencia en empresas de gran porte, recorriendo diversos sectores, el perfil ideal para impulsar el desarrollo requerido por la empresa que lo había contratado. Todo parecía estar en su lugar, sin embargo, me pidió una charla confidencial y me dijo: “tengo que hablarte desde el corazón. Acá están dadas todas las condiciones para el trabajo que tengo que hacer. Hay ganas de parte de los accionistas, que no escatiman las inversiones necesarias; hay un mercado ávido de nuestros productos, tenemos el equipo con el mejor know how del país y ya somos conocidos. Empecé con mucha ilusión, pero me encuentro que no avanzo de acuerdo con el potencial que te describí y me siento frustrado. Al final de cada día me doy cuenta de que pasé demasiado tiempo lidiando con situaciones producidas por las personas. Como te dije, son las más valiosas del país y sin embargo no veo que el fruto de su trabajo este en consonancia con esa capacidad. En medio de reuniones de toma de decisiones de negocios, aparecen reacciones inexplicables de celos, enojo, desplantes, que no sé cómo manejar, ni si debo manejar yo, o debo exigirles que vengan a la oficina solo con la perspectiva profesional, dejando afuera las emociones”, suspiró desalentado al finalizar la última frase y se recostó en la silla.

“Bienvenido a las últimas demandas del liderazgo”, le dije, la nueva inteligencia ejecutiva es la capacidad de reconocer, entender y gestionar emociones en el trabajo. Es lo que algunos autores llaman el lado humano de la vida profesional.

Porque no se pueden evitar las emociones en el trabajo, están ahí en cada persona y se mantienen ocultas, o no se reconocen, hasta que alguna crisis las hace explotar. Y no es algo que está solo en cada persona. Es algo que sucede en el entorno, y activa algo que la persona tiene dentro, por eso reacciona, y en vez de razonar en conjunto por ejemplo, cada uno defiende su “parte”, procurando tener razón y ganarles a los demás.

Gestionar las emociones adecuadamente es un nuevo rol de todo líder, empecemos por poner un poco de distancia, hacer silencio, escuchar y observar para entender lo que se dice por debajo de las palabras, desde los deseos de cada persona, no sea que alguien actúe desde los afectos buscando reconocimiento y cercanía, mientras otro actúa desde el poder buscando el predominio.

Evitar o negar las emociones en el trabajo es lo que te obliga a gestionar el malestar y la baja productividad individual y grupal; atendiendo siempre conflictos y enfrentamientos no vas a aprovechar todo el talento que está disponible.

viernes 18 de agosto de 2017